Publicada By  Juan Marin - Ciencia, Uncategorized    

“Hace muchos a√Īos viv√≠a un catedr√°tico de universidad espa√Īol que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por la excelencia en la investigaci√≥n. Gracias a sus m√©ritos, perseverancia y su prodigiosa inteligencia consigui√≥ ser nombrado ministro de investigaci√≥n. Un d√≠a escuch√≥ a dos investigadores extranjeros, que estaban haciendo una estancia en su universidad,¬† decir que hab√≠an construido el mejor baremo para evaluar la calidad de investigaci√≥n que se pudiera imaginar. Eran los hermanos Guido y Luigi Farabutto, que acumulaban m√°s de 100 trabajos publicados en las revistas de primer cuartil del famoso JCR (y su √≠ndice h era superior a 60). Este baremo, a√Īadieron, ten√≠a la especial capacidad de dar cero puntos a cualquier est√ļpido o incapaz para su cargo en una instituci√≥n universitaria. Por supuesto, no hab√≠a baremo alguno sino que los p√≠caros produc√≠an n√ļmeros arbitrarios, eso s√≠, si alguien introduc√≠a en la aplicaci√≥n alguna publicaci√≥n cuya pregunta de investigaci√≥n estuviera relacionada con la docencia,se le asignaba una elevada puntuaci√≥n negativa a ese trabajo.

Sinti√©ndose algo nervioso acerca de si √©l mismo ser√≠a capaz de salir bien parado o no con el baremo, el ministro de investigaci√≥n envi√≥ primero a dos de sus hombres de confianza a ser sometidos a la evaluaci√≥n. Evidentemente, ninguno de los dos introdujo m√©ritos relacionados con investigaci√≥n docente (pues no los ten√≠an) y, puesto que la aplicaci√≥n les otorg√≥ unos n√ļmeros altos comenzaron a alabarla. Toda la comunidad acad√©mica empez√≥ a o√≠r¬† hablar del fabuloso baremo y estaba deseando comprobar su puntuaci√≥n, pero sobre todo, si ten√≠an m√°s puntos que sus¬† vecinos. Los investigadores m√°s prestigiosos de la disciplina sacaron elevadas puntuaciones, en parte por azar y en parte porque ninguno de ellos hab√≠a publicado jam√°s art√≠culos de investigaci√≥n docente. Pronto la aplicaci√≥n fue ganando popularidad.

Los hermanos Farabutto ayudaron al ministro a parametrizar la aplicaci√≥n inform√°tica y el propio ministro obtuvo la mayor puntuaci√≥n de Espa√Īa (tras seguir los consejos de los hermanos Farabutto y no introducir unos cu√°ntos art√≠culos sobre investigaci√≥n docente que el catedr√°tico hab√≠a publicado en revistas como Academy of Management Learning & Education, Journal of Management Education, Intangible Capital, Journal of Engineering Education, Cuadernos de Econom√≠a y Direcci√≥n de Empresas, entre otras).

Toda la comunidad cient√≠fica alab√≥ enf√°ticamente el baremo, y empezaron a esconder sus investigaciones docentes, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta y les obligaran a introducirlas en la aplicaci√≥n. As√≠ pasaron muchos, mucho a√Īos.

De vez en cuando alg√ļn est√ļpido reclamaba ¬ę¬°Pero si la investigaci√≥n docente es investigaci√≥n!‚Ķ Sin embargo, sus palabras se perd√≠an entre risitas despectivas por parte de una mayor√≠a autocomplacida con sus elevados √≠ndices de prestigio acad√©mico (infinitamente mayores que los de los osados reclamantes)…”

Como ya os habr√©is dado cuenta,¬† esta historia¬† es una adaptaci√≥n¬†(http://es.wikipedia.org/wiki/El_traje_nuevo_del_emperador#cite_note-4) de lo que¬† escribi√≥ Hans Christian Andersen (1837)‚Ķ Aunque resulta que, en ocasiones,¬†las maravillas extranjeras parten de ideas espa√Īolas . Parece ser que Andersen adapt√≥, sin citar (ahora dir√≠amos, plagi√≥), la historia XXXII recogida en el El conde Lucanor ( infante Don Juan Manuel, 1330- 1335).

Por supuesto, en mi texto, se podr√≠a sustituir el concepto “investigaci√≥n docente” por “investigaci√≥n con metodolog√≠a cualitativa” o por “Investigaci√≥n haciendo replicaci√≥n de estudios” o incluso “publicar en m√°s campos de los que yo [evaluador] soy capaz de dominar” o “investigaci√≥n en temas que, unas pocas personas y contra toda l√≥gica, deciden que no son propias del √°rea, sin que haya ning√ļn documento que manifieste, expl√≠citamente, d√≥nde est√°n las fronteras consensuadas por la comunidad cient√≠fica del √°rea (en el caso de que, de verdad, sea posible acotar fronteras sin matar la investigaci√≥n transversal y multidisciplinar) ” y seguir√≠a teniendo la misma vigencia.

No s√© c√≥mo acabar√° este cuento. En la ficci√≥n se acaba descubriendo el “pastel” y se rectifica y se aprende la lecci√≥n. Pero es bien sabido que la realidad muchas veces supera a la ficci√≥n.

2013/05/23
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