He leído varios blogs estos días donde me ha parecido que sus autoras-es se quejaban de que los “copilotos IA” están mal diseñados y que son los culpables de todos los malos usos que se les están dando. Igual no es lo que querían decir, pero es el mensaje que me ha calado.
Esto me ha llevado a dos reflexiones:
Mejor llamarle herramienta porque no es un copiloto, por mucho que sus desarrolladores quieran denominarlo así porque vende mejor o más
El problema no es del “copiloto”. El problema es del piloto. Si el piloto decide estrellar el barco contra el iceberg, no es problema del barco ni del iceberg. Las tecnologías no son «neutras», eso es cierto, pero el uso (o no uso) que decide darles cada persona es lo que determina el impacto.
Como diría Alejandro Sanz, no es lo mismo. Por mucho que en el día a día, en las conversaciones o en las decisiones, eso que llamamos “la gente” (que no deja de ser un eufemismo para evitar reconocer que “la gente”, como hacienda, somos todos) parece querer convencernos, y convencerse, de que sus opiniones son inferencias basadas en hechos, cuando son solo opiniones.
Como estas tres palabras representan claramente cosas distintas, voy a detallar en esta entrada qué son y dar algunos ejemplos de cada una, para intentar, en la medida de lo posible, que en el futuro llamemos a las cosas por su nombre, evitando considerarlas como sinónimos.
Hechos
Un hecho es una afirmación que describe algo que ha ocurrido o está ocurriendo. Los hechos pueden comprobarse mediante observación directa, medición, documentación o evidencia empírica, de modo que son verificables de manera objetiva e independiente de las opiniones (o de la persona que observa el hecho). De modo que diferentes observadores pueden llegar al mismo resultado al porque describen “qué es” o “qué pasó”, y no “qué debería ser” o “qué les gustaría que fuera”.
Ejemplos de hechos: “la temperatura es de 25°C”, “María tiene 30 años”, “el experimento produjo 50ml de solución”, “la empresa tuvo pérdidas de 1 millón de euros en 2024”.
Inferencias
Las inferencias son conclusiones lógicas que se derivan de hechos (evidencias, datos o premisas disponibles) mediante un proceso de razonamiento. Las inferencias pueden evaluarse y resultar correctas o incorrectas. Su validez depende de la calidad del razonamiento y de la (veracidad) de las evidencias o premisas usadas en el razonamiento.
Por ejemplo: “si llueve, las calles estarán mojadas” o “como las ventas disminuyeron un 30% este trimestre, probablemente necesitamos revisar nuestra estrategia de marketing”.
Debemos tener en cuenta que los hechos pueden interpretarse de diferentes maneras. Es decir, podemos extraer diferentes inferencias. El hecho “Las ventas bajaron un 30%” es verificable, pero las interpretaciones sobre por qué bajaron (“fue por la mala estrategia de marketing”) ya son una inferencia que debe contrastarse adicionalmente (no basta que el hecho sea verificado y cierto para que la inferencia lo sea).
Opiniones
Las opiniones son juicios de valor o puntos de vista personales que reflejan preferencias, creencias, sentimientos o valoraciones subjetivas. Las opiniones están influidas por experiencias personales, valores, cultura y emociones. Pueden ser válidas para quien las expresa, pero no pueden demostrarse como verdaderas o falsas de manera objetiva.
Por ejemplo: “esta clase es aburrida”, “el lean es mejor que la Gestión de Operaciones tradicional”, o “deberíamos invertir más en formación de empleados”.
Percepciones
Interpretaciones subjetivas e inmediatas de la realidad, filtradas por nuestros sentidos, experiencias y marcos mentales. A diferencia de los hechos, dos personas pueden tener percepciones distintas del mismo evento. A diferencia de las opiniones, no siempre son juicios de valor conscientes. A diferencia de las inferencias, no requieren razonamiento deliberado.
La clave está en reconocer que “yo percibo X” no significa que X sea un hecho, pero tampoco invalida la experiencia de quien percibe.