La V edición de Workshop OMTech – Universidad de Navarra no sólo ha cumplido, sino que también ha superado mis expectativas. He escuchado cosas muy interesantes y me vuelvo con nuevas ideas, algunas cosas para probar en mis asignaturas, inquietudes de investigación, varias referencias interesantes que ya estoy leyendo y, sobre todo, estoy a la espera de los full papers” que pueden aportar información relevante para el avance de la investigación y práctica sobre docencia universitaria en dirección de operaciones.
Giraldo-O’Meara, M.; Marin-Garcia, J. A. & Martínez-Gómez, M. (2014). Validation of the JDS Satisfaction Scales Applied to Educational University Environments. Journal of Industrial Engineering and Management 7[1], 72-99.
http://www.jiem.org/index.php/jiem/article/view/906
http://www.upv.es/i.grup/repositorio/own/ART_2014_001_JIEM-JDS%20satisfaction%20scales%20university.pdf
Abstract:
Purpose: The aim of this study is to review and summarize the main satisfaction scales used in publications about human Resource Management and educational research, in order to adapt the satisfaction scales of the Job Diagnostic Survey (JDS) to higher education and validate it with a sample of university students and to assess the concept of satisfaction in two different ways: as a single-item measure, with a global indicator and as a multi-item measure, analyzed as a global model and composed by several scales.
Design/methodology/approach: Confirmatory factor analysis with maximum likelihood, using structural equations model, was employed to assess the model fit in 152 business management undergraduates.
Findings and Originality/value: The satisfaction model measured as multi-item scale present an acceptable fit. Even though, some of the satisfaction scales did not present a satisfactory fit, they can be used and interpreted independently with carefulness. Nevertheless, the satisfaction single-item scale presents a better fit and has been validated as a simpler and less costly measure of satisfaction.
Originality/value: In the current process of change that is taking place in universities according to the plan developed by the European Space of higher Education, validated instruments as the satisfaction scale of JDS, adapted to teaching, may facilitate this process through the diagnosis, and follow-up of changes in satisfaction levels in university classrooms.
Una vez finalizado el proyecto pasamos a la fase de explotación en nuestras asignaturas de lo materiales producidos y difusión en la comunidad universitaria.
En la parte final del proyecto hemos producido varias publicaciones relacionadas con la evaluación de competencias de innovación (individuales, interpersonales y de trabajo en red) en estudiantes universitarios.
Watts et. al., The Innovation Competencies Barometer and User Guide (ICB-Barometer.pdf)
Quizás deberíamos empezar respondiendo a una pregunta más general ¿por qué publicar los resultados de investigación?
En lugar de dar una respuesta a esta pregunta, me gustaría que dedicaras 2-3 minutos a poner todas las posibles razones por las que sería conveniente publicar (luego, si quieres, puede incluso ordenarlas de mayor a menor importancia para ti):
…
En segundo lugar, deberíamos responder a esta pregunta ¿qué es la investigación docente? . Seguramente habrá muchas respuestas diferentes, yo voy a daros la mía:
La investigación docente es INVESTIGACIÓN. Por lo tanto, usa el mismo protocolo que cualquier otro tipo de investigación sea cuál sea el fenómeno que se investigue: hay que definir una pregunta de investigación y justificar que es pertinente e importante, que responderla aporta una contribución a académicos y profesionales; hay que recopilar el saber previo y resumirlo; hay que elegir los métodos más adecuados para la pregunta formulada y los objetivos concretos de la investigación; hay que recoger “datos” y analizarlos y discutirlos para acabar sacando unas conclusiones.
Lo único que la diferencia de otras investigaciones es que su pegunta de investigación está relacionada con la docencia o el aprendizaje. Por lo tanto, es el objeto y no el “método” lo que define la investigación docente. Por otra parte, la investigación docente se puede concretar para dar respuesta a cuestiones relacionadas con el aprendizaje o la docencia de diferentes disciplinas, por lo que su contribución es importante (y seguramente esencial) para los investigadores de esas áreas, sean áreas de Química, Biología, Derecho, Organización de Empresas, Ingeniería o la que sea). De hecho, las más prestigiosas asociaciones científicas tienen divisiones especializadas en investigar cómo se aprender la disciplina. Por otra parte, no debemos olvidar que, en el contexto científico español, una parte importante de la investigación la realizan personas que son, al mismo tiempo, investigadores y docentes. Por ello, la investigación docente nos ayuda a dar respuesta a problemas con los que nos enfrentamos todos los días para logar ser unos profesionales y unas instituciones más eficientes.
Otra pregunta que quiero contestar es ¿por qué publicar mis investigaciones docentes? ¿no será esa una tarea sólo de pedagogos? En mi opinión, cualquier persona que es responsable de que otros aprendan (da lo mismo que los que aprendan sean doctorandos, alumnos de universidad o personal técnico de las empresas), debería investigar sobre la mejor forma de fomentar aprendizaje y publicar sus resultados.
Para mi, publicar (cualquier investigación, docente o no) es importante porque:
Me ayuda a ser más sistemático (resumiendo el saber previo, recogiendo e interpretando los datos) y ser más riguroso, de modo que acabo tomando mejores decisiones docentes y soy mejor profesional de la docencia.
Me permite convertir en “urgente” cosas que son importantes (si no me fijo plazos y objetivos de publicación, las cosas se me van quedando para “cuando tenga tiempo” y eso no ocurre jamás y no mejoro mi capacitación como profesional al servicio de la Universidad española).
Me ahorra tiempo a mi y ahorra tiempo a otros, porque intercambiamos resultados y evitamos tropezar en los mismos errores o podemos aprovechar mejor los aciertos de otras personas.
Me permite debatir mis conclusiones y contrastar si son tan ciertas como suponía. También me permite generalizar (o no) los resultados al compararlos con las publicaciones similares en otros contextos.
Y debería servir para mejorar mi curriculum como investigador. Por un lado, me ayuda a depurar métodos y a conocer nuevas técnicas que enriquecen mi capacidad para abordar problemas cada vez más complejos en mi área “natural” de investigación, que es la Organización de Empresas. Gracias a las exigencias de la investigación docente tengo que aprender técnicas que luego aplico en investigaciones de otros campos, creando una fertilización cruzada muy interesante. Por otro lado, salvo que alguien se empeñe en ponerle “orejeras” a la Ciencia, la publicación de resultados de investigación en revistas de prestigio, sea del área que sea, es un mérito indiscutible para un investigador. De hecho, cuanto más diferentes son las “conversaciones científicas” en las que se participa, más mérito se debería considerar pues obliga a dominar marcos teóricos, métodos y enfoques diferentes. Esta polivalencia y versatilidad es un recurso complejo, escaso y valioso; las personas que lo poseen deberían ser premiados (y no penalizados) por ello.
En el fondo, los motivos para publicar e revistas científicas mis resultados de investigación docente, no son diferentes de los motivos que me impulsan a publicar mi investigación en “Organización de Empresas”, porque tal como comentaba en la segunda pregunta de esta entrada, el proceso para hacer investigación es el mismo e igual de riguroso, lo que cambia sólo es el objeto de las preguntas que se intentan responder.
Por último me quedaría una pregunta por tratar ¿dónde publicar la investigación docente?
Los congresos son una buena forma de empezar a elaborar el “borrador” de la comunicación, pero deberíamos apuntar a publicar en revistas académicas registradas en bases de datos de búsqueda (Scopus, EBSCO, ABI y Web Of knowledge). El motivo principal es que las actas de congreso no suelen estar accesibles ni indexadas, de modo que nuestra investigación no beneficiará apenas a nadie, porque, aún encontrando el título y resumen, casi nunca podrán acceder a nuestro texto completo, salvo que hayan asistido al congreso (y guarden las copias de las actas). Además con el tema de congresos empieza a haber un movimiento de crear cutre-congresos que no aportan nada científicamente a los participantes. Para detectar estos congreso-fiascos, os recomendaría que mirarais la asociación científica y el comité científico que organiza el congreso (si no hay una asociación científica reconocida detrás del congreso, o en su defecto, un comité plagado de expertos reconocidos, yo no me apuntaría).
Sobre las revistas, lo principal es el comité editorial. Si las personas que están detrás de la revista son reconocidos expertos en la disciplina que quieres publicar, es un buen indicador de la seriedad. Os recomendaría evitar mandar vuestros artículos a revistas donde el editor es un profesional “no científico” y que no pertenece a una institución universitaria o científica (sobre todo, si os piden 400-600 euros por publicaros los artículos. Que hay mucha editorial no científica que se dedica a intentar publicar ciencia como si se tratara de “libros de bolsillo”. Para mí eso es dar gato por libre. Adicionalmente, cumplir criterios latindex o similares o estar en alguno de los buscadores habituales (Scopus, EBSCO, ABI y Web Of knowledge), puede ser otro índice de calidad pero nunca eliminaría el primer filtro de quién forma parte del comité editorial y que peso científico tienen esas personas.
Asumiendo que optáis por una revista científica de verdad (no las falso-científicas que se anuncian por mail “spameando” con las listas de direcciones que capturan de las actas de congresos u otros métodos de dudosa legitimidad). Las opciones creo que se resumen en tres categorías:
“Hace muchos años vivía un catedrático de universidad español que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por la excelencia en la investigación. Gracias a sus méritos, perseverancia y su prodigiosa inteligencia consiguió ser nombrado ministro de investigación. Un día escuchó a dos investigadores extranjeros, que estaban haciendo una estancia en su universidad, decir que habían construido el mejor baremo para evaluar la calidad de investigación que se pudiera imaginar. Eran los hermanos Guido y Luigi Farabutto, que acumulaban más de 100 trabajos publicados en las revistas de primer cuartil del famoso JCR (y su índice h era superior a 60). Este baremo, añadieron, tenía la especial capacidad de dar cero puntos a cualquier estúpido o incapaz para su cargo en una institución universitaria. Por supuesto, no había baremo alguno sino que los pícaros producían números arbitrarios, eso sí, si alguien introducía en la aplicación alguna publicación cuya pregunta de investigación estuviera relacionada con la docencia,se le asignaba una elevada puntuación negativa a ese trabajo.
Sintiéndose algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de salir bien parado o no con el baremo, el ministro de investigación envió primero a dos de sus hombres de confianza a ser sometidos a la evaluación. Evidentemente, ninguno de los dos introdujo méritos relacionados con investigación docente (pues no los tenían) y, puesto que la aplicación les otorgó unos números altos comenzaron a alabarla. Toda la comunidad académica empezó a oír hablar del fabuloso baremo y estaba deseando comprobar su puntuación, pero sobre todo, si tenían más puntos que sus vecinos. Los investigadores más prestigiosos de la disciplina sacaron elevadas puntuaciones, en parte por azar y en parte porque ninguno de ellos había publicado jamás artículos de investigación docente. Pronto la aplicación fue ganando popularidad.
Los hermanos Farabutto ayudaron al ministro a parametrizar la aplicación informática y el propio ministro obtuvo la mayor puntuación de España (tras seguir los consejos de los hermanos Farabutto y no introducir unos cuántos artículos sobre investigación docente que el catedrático había publicado en revistas como Academy of Management Learning & Education, Journal of Management Education, Intangible Capital, Journal of Engineering Education, Cuadernos de Economía y Dirección de Empresas, entre otras).
Toda la comunidad científica alabó enfáticamente el baremo, y empezaron a esconder sus investigaciones docentes, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta y les obligaran a introducirlas en la aplicación. Así pasaron muchos, mucho años.
De vez en cuando algún estúpido reclamaba «¡Pero si la investigación docente es investigación!… Sin embargo, sus palabras se perdían entre risitas despectivas por parte de una mayoría autocomplacida con sus elevados índices de prestigio académico (infinitamente mayores que los de los osados reclamantes)…”
Por supuesto, en mi texto, se podría sustituir el concepto “investigación docente” por “investigación con metodología cualitativa” o por “Investigación haciendo replicación de estudios” o incluso “publicar en más campos de los que yo [evaluador] soy capaz de dominar” o “investigación en temas que, unas pocas personas y contra toda lógica, deciden que no son propias del área, sin que haya ningún documento que manifieste, explícitamente, dónde están las fronteras consensuadas por la comunidad científica del área (en el caso de que, de verdad, sea posible acotar fronteras sin matar la investigación transversal y multidisciplinar) ” y seguiría teniendo la misma vigencia.
No sé cómo acabará este cuento. En la ficción se acaba descubriendo el “pastel” y se rectifica y se aprende la lección. Pero es bien sabido que la realidad muchas veces supera a la ficción.